(...) Quienes piensan que no hacen "nada malo" porque las imágenes pornográficas de niños y niñas existen -están en Internet- y, por lo tanto, el daño ya está hecho, se equivocan. En realidad, son también moralmente responsables del abuso que se ha cometido contra los menores, contribuyendo con su práctica al sostenimiento de la red delictiva. Además, puede que estén transitando, peligrosamente, hacia la pedofilia. Una fina membrana separa el consumo de pornografía infantil del abuso de menores. Se estima que el 30% de los consumidores termina poniendo en práctica lo que ha visto, pasando de la agresión virtual a la real. (...)
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